La región del Pacífico colombiano es habitada mayoritariamente por comunidades del pueblo afrocolombiano, por los pueblos indígenas Awá, Embera, Eperara Siapidara, Wounaan, Tule, Katío, Chamí y Nasa, y por una porción significativa de mestizos.

El Pacífico colombiano es la región del país donde convergen de manera más crítica las condiciones de desigualdad y exclusión en medio de un territorio reconocido por su significativa riqueza natural. Tiene una longitud aproximada de 1.300 km que corresponden a la costa colombiana sobre el océano Pacífico.  Sobre el mar Caribe posee también costa en un longitud de 350 km. Lo integran 47 municipios de los departamentos del Chocó, Valle del Cauca, Cauca, Nariño y Antioquia. 

Materia económica

En materia económica el Pacífico está determinado por diferentes intereses, sobre todo los estatales y privados: la planeación y ejecución de megaproyectos, la posición geoestratégica de la región en el ámbito del comercio internacional, el avance del narcotráfico y las políticas de erradicación de los cultivos de uso ilícito, la imposición de monocultivos extensivos y las incitaciones de todo orden para la pesca extensiva, la tala indiscriminada y la explotación minera y energética, el tráfico de materias primas para medicinas y de armas entre otros.

Cada interés ha justificado su presencia como la solución definitiva a los escandalosos niveles de miseria, de Necesidades Básicas Insatisfechas y a la falta de infraestructura que padecen los pobladores ancestrales del Pacífico. Sin embargo, cada día la situación para ellos es más precaria, agudizada con el conflicto armado, el deterioro del medio ambiente y el desalojo, factores que han vulnerado sus derechos económicos, sociales, culturales y ambientales (DESCA).

Globalización

En el contexto de avance de la globalización y con el auge de las políticas neoliberales, la región del Pacífico es reconocida desde tres perspectivas: como productora de materias primas, como plataforma para acceder a los mercados internacionales y como potencial extractivo de recursos biológicos dada su significativa diversidad. Estas tres perspectivas se articulan en procesos de planeación y desarrollo, pero, paradójicamente, orientadas a fortalecer una economía extractiva que permita la inserción de este territorio en la economía global como puente de la zona andina.

El Pacífico se encuentra en el mudo de los megaproyectos e inversiones continentales que hacen parte del Plan Puebla-Panamá, y de la iniciativa de integración de la Infraestructura Regional de Sur América. Estos complejos proyectos pretenden unir América Latina con Estados Unidos, mediante la interconexión de carreteras, vías fluviales y redes eléctricas. Por tanto, recursos como el petróleo, el gas, la electricidad, los recursos energéticos y las especies tropicales fluirán con mayor facilidad hacia el exterior.

Pese al gran aporte de la región a la economía nacional, los beneficios de los proyectos de explotación, extracción de recursos e infraestructura no han revertido en la garantía de condiciones de vida digna para las comunidades indígenas y negras que la habitan; por el contrario, esta región se ha articulado al país desde la marginalidad frente al desarrollo de los epicentros nacionales.

Según informes sobre Calidad de Vida en Colombia, el Pacífico posee las peores condiciones de vida por debajo del promedio nacional (62 frente al 77). En los últimos 10 años ha tenido una tasa negativa en el crecimiento de condiciones de vida (-4,7%) Entre 1997 y el 2003 cayeron los factores que miden la calidad de vida: así, el 63% de los hogares no tienen acceso a inodoro con conexión a alcantarillado o bajamar; el 30% carece de abastecimiento de agua de pila pública, carro tanque, aguatero o acueducto. El 41% aún cocina con carbón, leña o desechos; el 60% no tiene servicio de recolección de basuras; el 46% de hogares vive en hacinamiento.

Educación

Con respecto a la situación educativa, se tiene para Colombia el analfabetismo funcional –menos de tres grados cursados- es de 15,5%. La región Pacífica supera  ese promedio con un 18%.

Según la Encuesta Nacional de Demografía y Salud, la tasa de mortalidad infantil en el país es de 19 por mil. La tasa de mortalidad infantil para el Pacífico es del 54 por mil, la más alta del país.

Aunque se reconoce la gran riqueza biológica del Pacífico, la población que allí habita padece una grave crisis alimentaria, situación que puede entenderse mejor con relación al contexto nacional. La región del Pacífico presenta la tasa más alta de desnutrición por baja estatura para la edad en el rango de 10 a 17 años.  La situación de hambre de las poblaciones se ha tornado más compleja en los últimos años  a partir de la expansión en la región del conflicto armado. Como consecuencia de esta dinámica, las comunidades son víctimas de hechos violentos, como el desplazamiento forzado, que produce el desarraigo y la expropiación del territorio; el confinamiento, los bloqueos a la libre movilización de alimentos, el control sobre los procesos productivos y de autosubsistencia, los asesinatos selectivos y las masacres.

Precisamente en el momento en el que aparece el conflicto armado en la región se ubican con más fuerza las reivindicaciones culturales y territoriales de las comunidades étnicas en el Pacífico. Estas reivindicaciones, coherentes con las propias cosmovisiones, contrastan con las planteadas por los megaproyectos para la región, de ahí que la denuncia y la organización que se evidencian en los mayores desplazamientos forzados de comunidades se hayan producido en las zonas destinadas a la realización de grandes proyectos de desarrollo.

Este panorama de desigualdad, exclusión y violencia, resultado de un modelo de desarrollo que no beneficia a los habitantes de la región, ha afectado la garantía, la protección y el respeto de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales de indígenas y afrocolombianos.  Las comunidades no pueden gozar de estos derechos, es decir, acceder a lo más básico y digno para la vida activa, productiva y saludable, que le genere bienestar, por cuanto no le es posible intervenir sobre su propio proceso de Vida y menos aún, autogestionar disfrutando y administrando, de acuerdo con su identidad los beneficios de la producción.

A pesar de la crudeza de este contexto, no todo está perdido. Sus habitantes, particularmente en las áreas rurales, han generado procesos de organización social  y comunitaria de defensa del territorio, para lo cual emprendieron desde hace varias décadas la exigencia de la titulación de las tierras bajo la figura de resguardos para los indígenas y de títulos colectivos para las comunidades afrocolombianas. Tal proceso ha tenido hasta el presente el resultado de aproximadamente siete (7) millones de hectáreas tituladas.